Les quiero contar sobre las computadoras mas
poderosas que existen sobre la faz de la tierra, quizás en todo el universo. Los
que me conocen ya saben que me estoy refiriendo a un material húmedo, un poco
blando, de un color rosáceo, con un montón de pliegues y aparentemente
desordenado y poco elegante, que la mayoría de nosotros llevamos medio colgando
centrado entre ambos hombros y arriba de nuestras narices. El famoso escritor
británico Oscar Wilde sentencio: “Los grandes acontecimientos del mundo tienen
lugar en la mente.” Nuestros cerebros nos permiten comunicarnos, sentir y
pensar, permitieron a nuestros antepasados distinguir predadores de amigos y
buscar alimentos, dieron lugar a la agricultura, nos permitieron desarrollar la
matemática y probar el teorema de Fermat entre tantos otros, llegar a la luna y
explorar otros planetas, sintetizar antibióticos, y fabricar esas otras
computadoras artificiales y rudimentarias que tanto nos entretienen. Nuestros
cerebros han cambiado el curso de la evolución natural.
Como es posible que un tejido biológico,
formado por nada mas y nada menos que moléculas orgánicas e inorgánicas en
movimiento pueda dar lugar a la magia de la cognición? Las bases centrales del
estudio del cerebro fueron establecidas por un español, Santiago Ramón y Cajal.
Parece que fuesen dos o tres personas, “Santiago” “Ramón” y “Cajal”, pero es
solo uno. Pero un gigante. Un grande entre los grandes. Ramón y Cajal quería
ser artista pero sus padres le dijeron “de ninguna manera” y lo forzaron a
estudiar medicina. Combinando la tradición y su pasión, se dedico su vida a
observar y dibujar las células del cerebro. Las neuronas. El secreto del
cerebro esta escondido en las complejas redes neuronales que conectan millones
de neuronas. Nuestras memorias, nuestras decisiones, nuestros sentimientos
están codificados en los patrones de conexión y comunicación entre neuronas.
Les doy un ejemplo. Que significa ver y
reconocer la cara de un amigo? La luz reflejada en la cara llega a nuestras
ojos, a nuestras retinas y es convertida en una señal eléctrica, casi como pixeles
en una cámara digital. A partir de ahí, las señales eléctricas viajan, en un
formato binario, esencialmente un conjunto de ceros y unos, desplazándose a
enormes velocidades, pasando de una neurona a otra, extrayendo características
esenciales de la información de esa cara, transformando esos pixeles en nuevos
códigos, nuevos formatos y construyendo una realidad, una interpretación del
mundo visual que nos rodea. Lo que terminamos percibiendo, no es nada mas, y
nada menos, que una interpretación, nuestra manera de construir nuestro mundo
interno en un código biológico de ceros y unos a partir de esas señales
externas. En una pequeña fracción de un segundo, en menos tiempo de lo que nos
lleva parpadear, podemos comparar esas secuencias de pulsos eléctricos con
nuestras memorias y reconocer a la persona que tenemos en frente.
Esto quizás pueda no parece tan sorprendente.
Al fin y al cabo, cualquier niño puede reconocer a sus familiares y amigos sin
tener que cursar calculo avanzado. Y sin embargo, las otras computadoras, las
artificiales, todavía no saben hacerlo muy bien. De hecho, aquellas tareas que
a nosotros nos parecen difíciles como calcular la raíz cuadrada del numero 7,
son muy fáciles de ejecutar para las computadoras artificiales. En contraste, todas
esas tareas de sentido común que nos resultan tan intuitivas como reconocer las
caras de nuestros amigos y entender sus chistes, son muy difíciles de enseñar a
las computadoras artificiales.
En los últimos años, se han desarrollado
nuevas herramientas que nos permiten interrogar el cerebro de una manera que
hubiese sido inconcebible una década atrás. Estamos empezando a caracterizar y
describir los circuitos neuronales que llevamos dentro del cerebro a gran escala.
Quizás en un futuro no muy lejano podamos tener mapas de nuestros cerebros
similares a los que usan los ingenieros para diseñar computadoras. También estamos
empezando a poder escuchar como grandes grupos de neuronas conversan unas con
otras. Elucidar como funciona el cerebro humano esta cambiando la historia. Entender
los circuitos neuronales
va a permitirnos tratar las devastadoras
enfermedades que afligen al cerebro. Imagínense un mundo sin la enfermedad de
Parkinson ni la de Alzheimer. Descifrar los circuitos neuronales también va a
permitirnos construir robots que sean mas inteligentes que nosotros mismos, con
fundamentales consecuencias en prácticamente todos los ámbitos. Imagínense un
mundo en el cual los robots pinten mejor que Picasso, escriban música mejor que
la de Bach y puedan hacer descubrimientos mejor que Einstein. La primera
maquina ultra-inteligente que podamos construir quizás sea la ultima invención
que necesitemos hacer, porque a partir de entonces esa maquina va a poder hacer
el resto. Y, quizás tan o mas importante que todo esto, decodificar la magia de
la cognición va a permitirnos entender quienes somos.
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