Una de
las mas grandes aventuras de todos los tiempos para la Ciencia involucra tratar
de entender como funcionan nuestros cerebros. Nuestra capacidad de percibir los
hermosos colores de un arco iris, de construir maquinas, de transportarnos
hasta la luna, de demostrar teoremas matemáticos o de enamorarnos depende de
los complejos circuitos de neuronas en nuestros cerebros. Francis Crick expreso
esta idea de una manera particularmente provocativa: “No sos nada mas que un
grupo de neuronas”. (Crick, La hipótesis
asombrosa, 1994).
Recientemente
leí un libro excelente intitulado “Física en la mente” (mi traducción, titulo
del original “Physics in Mind”) escrito por Werner Loewenstein. Este libro nos
conduce por un exquisito camino que comienza con el Big Bang y termina
discutiendo hasta que punto la mecánica cuántica juega un rol en las
elucubraciones y computaciones de nuestros cerebros. Con una prosa precisa,
entusiasta y a menudo provocativa, Loewenstein se atreve a examinar las
preguntas fundamentales en la interface entre Física, Biología, Neurociencia y Filosofía.
El
autor argumenta que para poder entender la conciencia, será necesario la
interpretación de fenómenos cognitivos bajo el microscopio del formalismo cuántico.
El autor esta en solida compañía en estas aseveraciones. Gigantes del calibre
de Roger Penrose y muchos otros han propuesto ideas relacionadas. Sin embargo,
no me queda claro.
La Física
ha hecho grandes avances mediante el estudio de modelos sencillos. Einstein
enuncio que los modelos deben ser tan sencillos como sea posible. Hay belleza,
elegancia y enorme poder en pensar en elefantes cuyo peso esta concentrado en
un solo punto.
Física teórica
es un campo de estudio bien establecido con varios siglos de éxitos. En
comparación, Neurociencia, y en particular Neurociencia Teórica, es un nuevo y
joven integrante de las aventuras de la ciencia. Antes de postular modelos
complejos, debemos intentar explotar modelos clásicos y sencillos y ver hacia
donde nos llevan. Esto implica que tenemos que comenzar con neuronas, sinapsis
y circuitos en nuestros esfuerzos para intentar explicar el funcionamiento de
la mente. Es probable que caminemos en la dirección errónea y que nos
tropecemos en repetidas ocasiones. Pero el potencial de lo que podemos
conseguir con modelos sencillos es enorme. Si podemos desarrollar una “teoría clásica”
de la mente basada en conjuntos de neuronas y sus interacciones, vamos a poder
entender mejor quienes somos, tratar numerosas enfermedades neurológicas y
construir maquinas inteligentes.

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